Hace algunos días, Colombia dio un gran paso en la protección y el cuidado de los animales, reconociendo que muchos de ellos son víctimas de un tipo de violencia del que, quizá, no se habla mucho: la violencia sexual.
Este tipo de legislación va más allá de la indignación y llama la atención de los tutores para prestar mayor atención a los casos de violencia sexual contra los animales y de las autoridades para realizar las investigaciones necesarias para castigar a los abusadores.
Colombia, un paso adelante
Según las cifras reportadas por el Grupo Especial para la Lucha contra el Maltrato Animal de la Fiscalía General de la Nación (Gelma), en Colombia se presentan cerca de 7 expedientes diarios relacionados con maltrato animal, es decir, casi 50 casos por semana. Esta cifra alarmante incluye lesiones, muerte y también delitos de violencia sexual contra los animales.
La cifra, sin embargo, podría ser más alta. Muchos casos no se denuncian por falta de testigos o desconocimiento de cómo y dónde denunciar; tampoco existe una valoración veterinaria del animal víctima y, cuando la violencia sexual ocurre dentro del hogar, las familias optan por no señalar a sus parientes por pena o miedo a la estigmatización.
La buena noticia es que, en Colombia, los casos de maltrato animal empezaron a tener más visibilidad en los últimos años. Primero con la Ley Ángel, Ley 2455 de 2025, que actualizó el Estatuto Nacional de Protección de los Animales y fortaleció los instrumentos de investigación y sanción.
Precisamente, la Ley 2627 de 2026, llamada ‘Ley No Más Zoofilia’, sancionada el 26 de agosto de 2026, modifica el Código Penal colombiano para incorporar el delito de acceso carnal a animales y establecer penas, multas, inhabilidades y prohibición de la tenencia de animales. Este es un gran paso porque el abuso sexual de los animales deja de clasificarse como maltrato animal para tener una clasificación propia dentro del derecho penal.
El proceso de la ley
Esta ley empezó su trámite en el 2024 tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. Sus autores, entre los cuales está la senadora Esmeralda Hernández, tuvieron un largo proceso que continuó con la radicación en 2024 en el Senado y en 2025 en la Cámara. Finalmente, superó el tercer debate en abril de este año, para ser sancionada el pasado mes de agosto.
Esta ley establece una pena base de 48 a 55 meses de prisión y multas entre 30 y 50 salarios mínimos mensuales legales vigentes. Adicionalmente, contempla la prohibición de adquirir, tener o cuidar animales, y la inhabilidad para ejercer actividades relacionadas con animales.
En cuanto a los agravantes, la pena puede subir si el hecho involucra a varias personas, hay varios animales afectados, ocurre en espacios públicos, se repite con el mismo animal, hay sevicia, o si se graba y luego se difunde a través de medios digitales.
Más allá del delito
El delito de abuso sexual contra los animales sobrepasa el acto contra el animal. Diferentes estudios científicos han analizado este fenómeno y han identificado una relación entre el maltrato animal y casos de violencia entre seres humanos.
Una revisión publicada por la revista Investigación en Ciencias Veterinarias (Research in Veterinary Sciences, por su nombre en inglés) analizó artículos publicados entre 1960 y 2016, encontrando una asociación entre el abuso animal y casos de violencia contra las personas.
Esto no significa que quien maltrate a un animal vaya, necesariamente, a cometer un delito contra otras personas, ni que toda agresión a un ser humano deba ir precedida de un caso de maltrato animal. Pero sí plantea que el abuso animal es una señal de alarma en entornos violentos, sobre todo cuando en la casa hay niños, mujeres, adultos mayores o personas vulnerables.
Otro estudio de mascotas del Reino Unido encontró que, de 448 casos atendidos por un médico veterinario, el 6 por ciento de las lesiones no accidentales tenían una naturaleza sexual, dando indicios de que este es un problema no menor.
¿Existen señales?
Tal y como sucede en el caso del abuso de menores, los adultos responsables pueden estar atentos a ciertos signos físicos o cambios de comportamiento que se pueden observar en los animales víctimas de abuso.
Animales de compañía que empiezan a esconderse, que se muestran temerosos ante determinadas personas, que evitan ser tocados o que manifiestan dolor, que empiezan a caminar de forma extraña o que se lamen insistentemente la zona genital o anal, necesitan revisión veterinaria. Otros signos de alarma pueden ser la aparición de heridas, sangrado, inflamación o infecciones, así como la aparición de dolor al orinar o defecar.
Es importante tener en cuenta que estos cambios físicos o de comportamiento tienen una aparición súbita y sin explicación clara.
Ante la aparición de cualquier signo llamativo, es importante acudir al médico veterinario para evaluar al animal, levantar una historia clínica detallada y documentar las lesiones, para posteriormente remitir a la Fiscalía, la Policía Nacional e incluso a las alcaldías municipales. En Bogotá, también se puede acudir al Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal.
